lunes, 2 de noviembre de 2009

El campito (Juan Incardona)

La primera cosa para decir es que la mayor parte de la novela la leí alejado de las polémicas que hace unas semanas anduvieron dando vuelta por facebook y varios blogs, esa cuestión de los que se forzarían a escribir desde un “neoperonismo”, así que por suerte no tuve esas polémicas dándome vueltas durante la lectura. Recién ahora me regresan, a cuento del Glosario con el que Juan cierra el libro, porque revisándolo uno ve que todo refiere a formas del peronismo de los tiempos de los dos primeros gobiernos de Perón, de la Revolución y de la década del 70, una estructura de personajes, episodios y lugares sobre los que se monta una ficción muy imaginativa, y llegado a esa primera y saludable calificación literaria, no me importa descubrir si hay o no escritura desde el neoperonismo.Después me vienen cosas que seguramente sesgan la opinión, pero como total yo no subo esto con pretensión de crítica especializada, tampoco me importa; entre esas cosas está el recuerdo de cuando Juan leyó en el “Taller Sin Coordinador” —una experiencia muy linda en la que tuve la suerte de estar— un borrador del primer capítulo de “El campito” (Carlitos el ciruja y su historia del gato montés); también me acuerdo de una vez en la que volviendo del bar en que nos reuníamos, Juan me contó —y ya ahí me dieron ganas de leer “El campito”— de Riachuelito (un bagre que se hace gigante por culpa de la contaminación del Matanza) y El Esperpento (un Frankestein que armó la oligarquía con cadáveres y al que le puso las manos de Perón, con lo cual su gesto más amenazante era su tradicional saludo). Y finalmente, trabajé varios años para la cuenca del Matanza-Riachuelo y mucho he caminado los espacios en los que transcurre la novela, así que fue un placer que aún con los escenarios ficcionales (el Río de Fuego y los Campos Galvanoplásticos por ejemplo) me resultara todo tan familiar y que incluso pudiera seguir “La batalla del Mercado Central”, el último capítulo, casi sin necesidad de apelar al planito que incluye el libro (muy buena idea esa).A propósito del último capítulo, fue en la única parte donde la novela se me hizo más trabada, mucha acción, muchos personajes y necesidad de mucha descripción, que hicieron difícil leer al ritmo del vértigo que se intenta transmitir; no obstante, sobre las últimas veinte páginas más o menos Juan se enciende (desde Carlitos derramado de amor por Candela y El Cantor dominando a El Esperpento con su canto) y la novela termina altísimo. El resto de los capítulos “pasan como piña” enteros, una catarata de personajes, animales, hechos y lugares fantásticos instalados en La Matanza, baste nomás mencionar así no les cuento toda la novela, la aparición de los siete de Saavedra de Adán Buenosayres, el basural embalsamado, los pájaros zorrinos o las piedritas maldicientes, que putean cuando se las pisa.Para mis amigos que no han leído nada de Incardona, les paso un link donde van a encontrar el cuento de Juan que a mí más me gusta, así tienen una muestrita: www.elinterpretador.net/24JuanDiegoIncardona-VillaCelina-8-ElCanonDePachelbelOLaChinelaDeDonJuan.htm

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